Molécula emparentada con el ADN hallada por Curiosity en Marte

En una roca de hace 3.500 millones de años, escondida en un cráter marciano, acaba de aparecer algo que ningún instrumento había detectado antes en el planeta rojo: una molécula emparentada con el ADN, con la misma estructura química que usan el ADN y el ARN para construirse. No, no es una prueba de vida extraterrestre. Pero es, de lejos, lo más parecido a un ingrediente de vida que Marte nos ha enseñado hasta ahora.

El hallazgo es obra del rover Curiosity, de la NASA, que lleva más de una década escarbando en el cráter Gale. La muestra en cuestión se perforó en 2020, en un punto llamado “Mary Anning 3” —bautizado así en honor a la paleontóloga británica del siglo XIX que encontró fósiles donde nadie más miraba—, dentro de una región rica en arcillas conocida como Glen Torridon. Esa arcilla es la clave de todo: se forma en presencia de agua líquida y es excelente conservando materia orgánica durante miles de millones de años.

El truco químico que reveló la molécula emparentada con el ADN

Durante años, esa muestra estuvo guardada en el interior de Curiosity sin revelar sus secretos. El cambio llegó cuando el equipo científico decidió usar, por primera vez en Marte, uno de los experimentos más delicados del instrumento SAM (Sample Analysis at Mars): una “química húmeda” con un reactivo llamado TMAH (hidróxido de tetrametilamonio). Básicamente, el TMAH actúa como un disolvente que rompe moléculas orgánicas grandes y pegajosas en fragmentos más pequeños que sí pueden detectarse y analizarse.

El resultado, publicado en abril de 2026 en la revista Nature Communications, fue sorprendente: más de 20 moléculas orgánicas distintas, siete de ellas nunca antes vistas en Marte. Entre ellas apareció un compuesto con un anillo que contiene nitrógeno, de la misma familia química que los “ladrillos” que forman el ADN y el ARN en la Tierra. También se detectó benzotiofeno, una molécula con carbono y azufre que, curiosamente, también se ha encontrado en meteoritos como el famoso meteorito de Murchison. Si quieres saber más sobre cómo siguen evolucionando estas moléculas en nuestro propio planeta, puedes leer sobre las autopistas evolutivas del ADN.

¿Esto significa que hubo vida en Marte?

Aquí viene la parte en la que hay que frenar la emoción un poco: encontrar moléculas orgánicas no es lo mismo que encontrar vida. Estas moléculas pueden formarse por procesos puramente geológicos o químicos, sin que haya ningún organismo vivo de por medio; de hecho, también aparecen en meteoritos que nunca estuvieron cerca de ningún ser vivo. Lo que sí demuestra este hallazgo es que, si alguna vez hubo vida microbiana en Marte, el planeta tenía las condiciones químicas necesarias para sostenerla, y que esos compuestos pueden sobrevivir intactos durante miles de millones de años bajo la superficie.

Lo más llamativo, según los propios investigadores, es que Marte haya conservado este “archivo químico” a pesar de haber perdido su campo magnético global, la mayor parte de su atmósfera y casi toda su agua superficial hace miles de millones de años. La arcilla hizo de caja fuerte.

El próximo paso será buscar más de estas firmas en otras zonas del cráter Gale y, con suerte, en las muestras que la misión Mars Sample Return (si finalmente se financia y ejecuta) podría traer de vuelta a la Tierra para analizarlas con equipos mucho más potentes que los que caben en un rover. Hasta entonces, Marte sigue guardando sus cartas más interesantes bajo un metro de polvo rojo.

Puedes consultar los detalles técnicos del estudio en el artículo publicado en Nature Communications.

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