Móvil al agua: nunca uses arroz para secarlo

El truco de hoy no es un truco: es justo lo contrario de lo que lleva décadas haciendo media humanidad. Si se te cae el móvil al agua, meterlo en un bol de arroz es probablemente lo peor que puedes hacer. Lo dice, sin rodeos, el propio soporte técnico de Apple.

Durante años el arroz ha sido el remedio casero de cabecera para cualquier aparato electrónico mojado. Caía el teléfono al váter, a la piscina o a un vaso de agua, y automáticamente aparecía alguien gritando “¡arroz, rápido!”. Nadie se había parado a comprobar si realmente funcionaba. Apple lo hizo por todos: en su página oficial de soporte advierte explícitamente que no se debe introducir el iPhone en una bolsa de arroz.

El método que sí funciona si se te cae el móvil al agua

  1. Sácalo del agua lo antes posible y desconecta cualquier cable, funda o accesorio conectado.
  2. Sécalo por fuera con un paño suave que no suelte pelusa, sin frotar los puertos.
  3. Sujétalo con el conector (el puerto de carga) mirando hacia abajo y dale unos golpecitos suaves contra la palma de la mano, para que la gravedad ayude a que salga el agua que haya quedado atrapada dentro.
  4. Déjalo reposar en un sitio con buena circulación de aire, lejos del sol directo y de cualquier fuente de calor, durante al menos 30 minutos.
  5. Si al conectarlo aparece un aviso de “líquido detectado”, no insistas: espera hasta 24 horas antes de volver a intentar cargarlo.
  6. Si pasado ese tiempo sigue sin cargar, mejor llévalo a un servicio técnico antes de que la humedad acabe corroyendo algo de verdad.

Y una cosa más: si tu móvil tiene carga inalámbrica, puedes usarla mientras el conector sigue secándose, siempre que la parte de atrás esté ya seca. Es la ventaja de cargar sin meter nada en ningún agujero.

Por qué funciona (y por qué el arroz no)

Vale la pena entender qué ocurre de verdad tras la caída del móvil al agua. El arroz es higroscópico, es decir, absorbe algo de humedad del ambiente que lo rodea, igual que esas bolsitas de sílice que vienen en las cajas de zapatillas. Pero ahí está el problema: lo hace muy despacio. Y el agua que de verdad importa no es la que está en el ambiente, sino la que queda atrapada por tensión superficial en las rendijas microscópicas del altavoz, el micrófono o el conector de carga. El arroz no tiene ninguna capacidad de “chupar” esa agua escondida en huecos tan pequeños. A lo sumo, reduce un poco la humedad del aire mientras el móvil sigue empapado por dentro durante horas: el tiempo justo para que empiece la corrosión de los pines metálicos.

Encima, el arroz añade un problema nuevo: suelta polvo y granitos diminutos que pueden colarse en el puerto de carga o en la rejilla del altavoz, quedando atascados ahí dentro para siempre. Básicamente, cambias agua por arroz molido, que tampoco es que mejore mucho la cosa.

El método de golpear el móvil con el conector hacia abajo, en cambio, usa algo mucho más fiable que la química de un cereal: la física de toda la vida. La gravedad tira del agua líquida hacia afuera por el mismo camino por el que entró. Además, el movimiento ayuda a romper esa tensión superficial que mantiene las gotas pegadas a las superficies internas. Después, el aire en movimiento (no el calor) favorece que el agua residual se evapore sin dañar las juntas de goma ni los adhesivos que sellan el teléfono. Un secador o el aire comprimido a presión, en cambio, pueden empujar el agua más adentro en vez de sacarla.

Así que la próxima vez que a alguien se le caiga el móvil al agua —en la piscina, el váter o donde sea—, ya sabes qué decirle: nada de arroz para la paella de emergencia. Solo gravedad, aire y paciencia.

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