Cerebro congelado: qué le pasa realmente a tu cabeza

Te metes una cucharada de helado demasiado rápido. Dos segundos después sientes una puñalada justo detrás de la frente, como si alguien te hubiera clavado un cubito de hielo en el cerebro. Es el llamado cerebro congelado o «brain freeze». Dura diez o veinte segundos como mucho y después desaparece solo. Durante décadas, los médicos no tenían muy claro qué lo provocaba exactamente. Sin embargo, no es que el frío «toque» el cerebro: el cráneo lo protege perfectamente. Lo que pasa en realidad es mucho más raro.

El sospechoso que no es: el nervio trigémino

La explicación de toda la vida apunta al nervio trigémino. De hecho, es el mismo nervio que se encarga de la sensibilidad de la cara y la boca. Cuando algo muy frío toca el paladar, justo detrás de los dientes de arriba, ese nervio se activa de golpe. Además, el trigémino también recoge señales de otras zonas de la cabeza. Por eso, el cerebro «confunde el remitente»: interpreta el frío del paladar como si viniera de la frente. Es el mismo tipo de truco que hace que un dolor de corazón se sienta en el brazo izquierdo.

La pista que de verdad sorprendió a los científicos: las arterias se disparan

En 2012, un equipo con investigadores de Harvard presentó un experimento bastante ingenioso en el congreso Experimental Biology. Hicieron beber agua helada a un grupo de voluntarios a través de una pajita apoyada contra el paladar. Mientras tanto, les escaneaban el flujo sanguíneo del cerebro con un Doppler transcraneal. El hallazgo, recogido por Scientific American, fue sorprendente: justo antes de notar el pinchazo, la arteria cerebral anterior se dilataba de golpe. Esa dilatación inundaba de sangre una zona del cerebro. En cuanto la arteria volvía a contraerse, el dolor se esfumaba al instante.

Por su parte, la teoría que más convence a los investigadores es que se trata de un mecanismo de protección. El cerebro es muy sensible a los cambios de temperatura. Por eso «entra en pánico» ante el enfriamiento repentino de los tejidos cercanos y manda más sangre caliente para compensar. El problema es que ese chute extra de sangre aumenta la presión dentro del cráneo, y ahí es donde aparece el dolor. Dicho de otra forma: el cerebro congelado no sería un fallo, sino un sistema de emergencia térmica que se pasa un poco de frenada.

Por qué el cerebro congelado no le da a todo el mundo igual

Eso sí, no todos somos igual de sensibles. Algunos estudios citados por JSTOR Daily encontraron algo curioso: las personas que sufren migrañas tienen casi el doble de probabilidades de notar este dolor al beber algo helado. Aun así, otros trabajos no encontraron esa relación tan clara, así que el debate sigue abierto. No obstante, lo que sí parece bastante consistente es algo mucho más sencillo: la velocidad importa. De hecho, en un experimento con helado, quienes comían a toda velocidad tenían el doble de probabilidades de acabar con dolor de cabeza que quienes iban despacio.

El truco para librarte de él

Con esto ya se entiende por qué funciona el remedio de toda la vida:

  • Si notas que empieza el pinchazo, presiona la lengua contra el paladar. Así le das calor directo a la zona que se ha enfriado de golpe, y el reflejo se corta antes de ir a más.
  • Comer o beber despacio reduce muchísimo las probabilidades. De esta forma le das tiempo al cuerpo para reaccionar sin pasarse de frenada.
  • Por tanto, si tienes migrañas, probablemente te convenga ser más cuidadoso con los helados y bebidas heladas que al resto.

Lo mejor de todo es que, aunque duela como si te hubieran dado un mazazo, el cerebro congelado es completamente inofensivo. En definitiva, no deja secuelas ni daña nada. Al final, es solo tu cerebro, un poco dramático, reaccionando de más ante un cubito de hielo. Si te fascina cuando el cerebro te juega estas malas pasadas, el déjà vu es otro ejemplo curioso del mismo tipo de truco mental.

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