El jueves 29 de diciembre de 2011, los habitantes de Samoa se fueron a dormir con normalidad. Al despertar, era sábado 31 de diciembre. El viernes 30 simplemente no existió: no hubo cumpleaños ese día, ni facturas con esa fecha, ni nada. Un país entero borró de un plumazo 24 horas de su calendario, y lo hizo a propósito.
Por qué un país decide «perder» un día
No fue un capricho ni un error administrativo. Samoa está en el Pacífico, muy cerca de la línea internacional de cambio de fecha, esa frontera imaginaria que separa «hoy» de «mañana» en el globo. Durante más de un siglo, Samoa había quedado en el lado equivocado para sus intereses: cuando en Sídney o Auckland era lunes por la mañana, en Samoa todavía era domingo. Como Australia y Nueva Zelanda son sus principales socios comerciales, esa diferencia de un día completo —y no solo de horas, como ocurre con la mayoría de husos horarios— hacía que las empresas samoanas perdieran hasta dos días laborables por semana solo por el desfase de calendario con quienes les compraban y vendían.
La solución del gobierno, liderado por el primer ministro Tuilaepa Sailele Malielegaoi, fue tan simple como drástica: saltar directamente la línea de cambio de fecha hacia el otro lado. En la práctica, eso significaba eliminar un día entero del calendario. Como recoge NPR, la medida se anunció meses antes para que empresas, bancos y aerolíneas pudieran prepararse, y el propio gobierno decretó que quienes tuvieran turno de trabajo asignado ese viernes fantasma cobrarían igualmente el día completo, aunque nunca llegara a amanecer.
Fuegos artificiales para despedir un día que nunca llegó
La medianoche del 29 al 31 de diciembre se celebró con sirenas y fuegos artificiales, como si se tratara de un fin de año adelantado. Samoa se convirtió, de la noche a la mañana (literalmente), en uno de los primeros lugares del planeta en recibir el nuevo día, cuando antes había sido de los últimos. Fue un cambio simbólico casi tan importante como el práctico: pasar de estar «atrasados» respecto a sus vecinos comerciales a estar entre los primeros del mundo en cruzar la frontera de cada nueva jornada.
Lo curioso es que esto ya había pasado antes, pero al revés. En 1892, el rey Malietoa Laupepa fue convencido por comerciantes estadounidenses de cambiar Samoa al otro lado de la línea de fecha para facilitar el comercio con Estados Unidos. Para lograrlo sin «perder» oficialmente un día, se decretó que el 4 de julio de aquel año se celebraría dos veces seguidas. Así, 1892 fue un año de 367 días en Samoa, un pequeño capricho del calendario que 119 años después el país decidió deshacer casi por completo.
Dos Samoas, casi un día de diferencia
El giro más curioso de toda la historia es que Samoa (independiente) hizo el salto, pero su vecina Samoa Americana, un archipiélago a apenas unos cientos de kilómetros y con lazos culturales y familiares estrechísimos, decidió quedarse donde estaba. El resultado es que hoy ambas islas, prácticamente a la vista una de otra, pueden llegar a tener hasta 24 horas de diferencia horaria entre sí. Si alguien en Apia (la capital samoana) llama a un familiar en Pago Pago (Samoa Americana) un martes por la tarde, es perfectamente posible que allí todavía sea lunes. Dos islas hermanas, separadas por un océano diminuto y, en el calendario, por casi un día entero.
Así que la próxima vez que alguien diga que el tiempo es relativo, tiene más razón de la que cree: en algún rincón del Pacífico, hay literalmente dos «hoy» distintos separados por un puñado de kilómetros de agua.