El Sol tiene remolinos: descubren miles de «tornados» de plasma en su superficie

El Sol lleva 4.600 millones de años ahí arriba y, aun así, sigue guardando sorpresas. La última: su superficie está sembrada de diminutos remolinos de plasma, algo parecido a las olas que se rizan al romper en la orilla, pero hechos de gas a 5.500 grados y a escala de todo un astro. Nadie los había visto hasta ahora simplemente porque no teníamos un telescopio capaz de enfocar tan de cerca.

Un telescopio hawaiano con la vista más fina jamás lograda

El responsable del hallazgo es el Telescopio Solar Daniel K. Inouye, el mayor telescopio solar del mundo, encaramado en el volcán Haleakālā, en la isla hawaiana de Maui. Con un espejo de 4 metros, es capaz de resolver detalles de apenas 20 kilómetros en la superficie del Sol, algo así como distinguir un campo de fútbol visto desde la Tierra… si el campo de fútbol estuviera a 150 millones de kilómetros.

Con esa resolución, un equipo de astrónomos del Observatorio Nacional Solar de EE. UU., el Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar y el High Altitude Observatory se puso a examinar los bordes de los gránulos solares: esas celdas de convección de entre 500 y 2.000 kilómetros de ancho que cubren la superficie del Sol como si fuera una olla de agua hirviendo a fuego lento, cada una empujando plasma caliente hacia arriba y dejándolo caer ya frío por los bordes.

Física de manual, pero nunca vista en el Sol

Ahí, justo en la frontera entre dos gránulos, es donde aparece el fenómeno: capas de plasma que se deslizan una junto a otra a velocidades distintas se enroscan sobre sí mismas y forman vórtices, exactamente igual que cuando el viento sopla sobre el mar y riza la superficie en pequeñas olas, o cuando dos capas de nubes se cruzan y dibujan esas ondulaciones en forma de espiral que a veces se ven en el cielo. Se llama inestabilidad de Kelvin-Helmholtz, un principio de física de fluidos conocido desde el siglo XIX, pero que nadie había podido fotografiar directamente en el Sol hasta ahora. Los remolinos aparecen espaciados entre sí unos 50-65 kilómetros y no son un caso aislado: los investigadores los encontraron por todas partes, formándose y disolviéndose constantemente.

«Es muy emocionante ver que las observaciones de mayor resolución jamás logradas de la fotósfera solar han revelado un nuevo régimen dinámico, en forma de vórtices de Kelvin-Helmholtz en los bordes de las concentraciones de campo magnético», explicó el astrónomo Matthias Rempel, del High Altitude Observatory, coautor del estudio.

Por qué esto no es solo una curiosidad bonita

Estos remolinos no son un mero espectáculo visual: al retorcer las líneas del campo magnético del Sol, podrían actuar como una especie de acumulador de energía. Esa energía es, precisamente, la que luego se libera en forma de nanoflares (mini erupciones solares) y, a mayor escala, en fulguraciones, chorros de plasma y eyecciones de masa coronal, los mismos fenómenos que a veces generan auroras espectaculares en la Tierra y, en sus versiones más intensas, pueden afectar a satélites y redes eléctricas.

El hallazgo también podría ayudar a resolver un misterio que lleva décadas de quebradero de cabeza para la astrofísica: por qué la corona solar, la atmósfera exterior del Sol, está cientos de veces más caliente que su propia superficie. Si estos vórtices ayudan al campo magnético a propagarse más rápido de lo que predicen los modelos actuales, podrían ser una pieza clave de ese rompecabezas térmico.

El estudio se publicó el 5 de agosto de 2026 en la revista Nature. Así que la próxima vez que tomes el sol, piensa que ahí arriba, a 150 millones de kilómetros, hay miles de pequeños tornados de plasma retorciéndose sin parar. El bronceado, de momento, sigue dependiendo solo de la radiación de siempre.

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