En 1946, una adolescente le dijo a su orientadora escolar que quería ser astrónoma. La respuesta que recibió fue: “¿Qué señorita elegiría matemáticas en lugar de latín?”. Ochenta años después, esa misma señorita —Nancy Grace Roman, primera jefa de astronomía de la NASA— le da nombre al telescopio espacial más ambicioso que Estados Unidos lanzará en la próxima década. Y despega antes de lo previsto: el 30 de agosto de 2026, ocho meses antes de la fecha que la propia NASA había anunciado.
El Telescopio Espacial Nancy Grace Roman subirá a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida —el mismo trampolín desde el que despegaron las misiones Apolo a la Luna—. Su misión, resumida sin exagerar demasiado: fotografiar más galaxias que ningún otro instrumento humano en la historia.
Un ojo con el campo de visión de cien Hubble
El espejo principal de Roman mide 2,4 metros de diámetro, exactamente el mismo tamaño que el del Hubble. Pero ahí se acaba el parecido: gracias a una cámara diseñada para abarcar muchísimo más cielo de una vez, su campo de visión es al menos cien veces mayor que el de su hermano mayor. Donde el Hubble necesitaría cientos de fotografías recortadas para cubrir una región del cielo, Roman la captura en una sola toma.
Esa diferencia no es un capricho técnico, es la clave de toda la misión: a lo largo de sus años de operación, el telescopio medirá la luz de aproximadamente mil millones de galaxias, rastreando cómo se mueven y distribuyen para intentar responder una de las preguntas más incómodas de la física actual: si la energía oscura, la fuerza misteriosa que acelera la expansión del universo, ha sido siempre constante o ha ido cambiando con el tiempo. Junto a ella, Roman también cartografiará la materia oscura, el otro gran ingrediente invisible que mantiene unidas a las galaxias.
Cazador de planetas por un método que Kepler no podía usar
Además de mirar hacia el cosmos profundo, Roman apuntará hacia el centro de nuestra propia galaxia para hacer algo que ningún telescopio ha hecho a esta escala: un rastreo masivo de exoplanetas mediante microlente gravitacional, una técnica que aprovecha cómo la gravedad de una estrella distorsiona y amplifica momentáneamente la luz de otra estrella aún más lejana cuando pasa por delante. Ese pequeño parpadeo de luz puede delatar la presencia de un planeta, incluso mundos helados en órbitas muy amplias que el método de tránsitos —el que usó el telescopio Kepler— apenas podía detectar. Se estima que solo esta parte de la misión podría sumar más de mil nuevos exoplanetas al catálogo.
Como si fuera poco, Roman también usará imágenes directas y tránsitos planetarios, combinando tres técnicas de caza de exoplanetas en una sola misión, algo que ningún telescopio anterior había hecho de forma tan sistemática.
La mujer que convenció al Congreso de construir el Hubble
Nancy Grace Roman no solo sufrió el desdén de su orientadora: entró en la NASA en 1959, apenas seis meses después de que se fundara la agencia, y se convirtió en su primera ejecutiva y primera jefa de programas de astronomía. Durante los años 60 lideró el comité de astrónomos e ingenieros que convenció a la NASA y al Congreso de que merecía la pena invertir en un telescopio espacial gigante —el que acabaría siendo el Hubble—, razón por la que hoy se la conoce como la “madre del Hubble”. Se retiró en 1979 pero siguió dando clases y defendiendo la presencia de mujeres en la ciencia hasta su muerte en 2018, a los 93 años.
Que su nombre acabe presidiendo un telescopio capaz de fotografiar mil millones de galaxias con el campo de visión de cien Hubbles tiene, para quien le negó aquellas matemáticas, un regusto especialmente satisfactorio. El próximo 30 de agosto, si todo va según lo previsto, ese telescopio empezará a demostrarlo desde el espacio.
Puedes seguir la cuenta atrás y los detalles de la misión en la cobertura de Tech Times sobre el adelanto del lanzamiento.