Tienes una pelota de ping-pong abollada, la mesa está lista y no hay recambio a la vista. Antes de rendirte a jugar con una bola que bota en zigzag, prueba esto: sumérgela en agua muy caliente (sin llegar a hervir) durante unos segundos. Observa cómo el golpe desaparece casi por arte de magia. Sin embargo, no es magia: es física de bachillerato haciendo de las suyas.
Cómo arreglar una pelota de ping-pong abollada paso a paso
- Llena una taza o un bol con agua caliente, casi hirviendo pero sin que llegue a borbotear (unos 80-90 °C es suficiente). Además, el agua directamente del hervidor recién apagado funciona bien.
- Introduce la pelota abollada en el agua. Si flota y se resiste a hundirse del todo, ayúdala con una cuchara. Además, procura que quede bien sumergida, sobre todo la zona del golpe.
- Espera entre 10 y 30 segundos, vigilando la bola. En la mayoría de los casos verás cómo el bollo se va «hinchando» hacia fuera solo.
- Saca la pelota con la cuchara (estará caliente) y déjala enfriar un momento antes de volver a jugar con ella.
- Si el golpe no desaparece del todo a la primera, repite el proceso una vez más antes de darla por perdida.
Un matiz importante: el truco solo sirve para una pelota de ping-pong abollada, no agrietada ni perforada. Si tiene una fisura, el aire se escapará por ahí en vez de empujar el plástico hacia fuera. Por tanto, el truco no tendrá ningún efecto.
Por qué funciona
Entender por qué una pelota de ping-pong abollada recupera su forma requiere un poco de física básica. Una pelota de ping-pong es, básicamente, una esfera hueca de plástico: celuloide en las antiguas, ABS en la mayoría de las actuales. Además, en su interior guarda una cantidad fija de aire atrapado. Cuando la bola se golpea y se abolla, ese aire no desaparece. Simplemente queda comprimido en la zona hundida. En cambio, el resto de la esfera mantiene su forma.
Aquí es donde entra en juego una de las leyes de los gases más citadas en cualquier clase de física: la ley de Gay-Lussac, una prima cercana de la ley de Charles. Esta ley describe cómo se comporta un gas cuando cambia su temperatura a volumen prácticamente constante. Si calientas el aire, sus moléculas se mueven más rápido y chocan con más fuerza contra sus paredes. Por tanto, la presión interior sube.
Al meter la pelota en agua caliente, el aire de su interior se calienta en segundos. De hecho, el plástico es fino y conduce el calor con facilidad. Esa presión extra empuja el plástico de la zona abollada desde dentro hacia fuera, hasta devolverle su forma esférica original. De hecho, no hace falta que el agua hierva realmente. Además, basta con que esté lo bastante caliente para elevar la temperatura del aire interior de forma notable.
Eso sí, el truco tiene truco. Cuanto más se golpea y se calienta una misma pelota, el plástico va perdiendo un poco de su elasticidad original, así que no esperes que aguante indefinidamente el mismo castigo. Y si juegas con bolas modernas de ABS, obligatorias en el ping-pong de competición desde hace años, el método funciona igual de bien. Aun así, este material es algo más resistente a quedarse abollado desde el principio que el celuloide antiguo.
La próxima vez que tengas una pelota de ping-pong abollada, ya sabes qué hacer: pon a calentar el agua antes de buscar un recambio. Y si el problema no es la pelota sino que el vaso se raja al servirte algo frío, prueba con una cuchara de metal para que el vaso no se raje, basada en el mismo principio del choque térmico. Puedes consultar más detalles en esta guía completa sobre cómo arreglar una pelota de ping-pong.