Hay agujeros negros más antiguos que el Big Bang, y podrían ser la materia oscura que buscamos

Imagina que el Big Bang no fue el principio de todo, sino más bien un rebote. Que antes hubo otro universo, contrayéndose hasta un punto de densidad brutal, y que en vez de desaparecer en la nada, la cosa se frenó en seco y volvió a expandirse hacia fuera. Suena a guion de ciencia ficción, pero es justo lo que propone un físico de la Universidad de Portsmouth, y su idea tiene un añadido todavía más jugoso: puede que algunos agujeros negros de aquel universo anterior sobrevivieran al rebote y sigan aquí, flotando entre nosotros, disfrazados de materia oscura.

El estudio, firmado por Enrique Gaztañaga y publicado en febrero de 2026 en la revista Physical Review D, no rechaza el Big Bang como tal, pero sí cuestiona que fuera un punto de partida absoluto desde la nada. En su modelo, el universo anterior se comprimió hasta un extremo, y esa compresión no terminó en un colapso total, sino en un «rebote» que dio paso a la expansión que seguimos viendo hoy. La pregunta interesante es: ¿sobrevivió algo a ese tránsito?

Reliquias de un universo que ya no existe

Según los cálculos de Gaztañaga, sí sobrevivió algo, aunque con una condición muy concreta de tamaño. Cualquier objeto o perturbación de más de 90 metros podría haber cruzado el rebote intacto. Por debajo de ese umbral, todo se diluye en el caos de la transición; por encima, hay margen para salir al otro lado convertido en agujero negro, en onda gravitacional o en una simple fluctuación de densidad que con el tiempo terminaría colapsando por sí sola.

Esos agujeros negros «supervivientes» no se habrían formado como los que conocemos, es decir, a partir del colapso de una estrella masiva. Habrían nacido directamente de fluctuaciones cuánticas de densidad en el instante de máxima compresión, justo antes del rebote. Son, en la práctica, agujeros negros primordiales: existían ya antes de que el universo tal y como lo entendemos empezara a expandirse.

¿Y si la materia oscura llevaba aquí desde antes del Big Bang?

Aquí es donde el estudio se pone realmente interesante. La materia oscura constituye alrededor del 27% del universo, no emite luz, no interactúa con la radiación electromagnética y solo la detectamos por su tirón gravitatorio sobre galaxias y cúmulos. Llevamos décadas buscando partículas exóticas que la expliquen, sin resultados concluyentes. La propuesta de Gaztañaga da una vuelta de tuerca: si el rebote produjo suficientes agujeros negros diminutos, esa población podría representar una fracción significativa —quizá dominante— de toda la materia oscura del universo.

Y hay una segunda pieza del puzle que este modelo también encaja: el telescopio espacial James Webb lleva un par de años encontrando galaxias y agujeros negros supermasivos que parecen «demasiado grandes, demasiado pronto» para la edad que tenía el universo cuando se formaron, algo que ha traído de cabeza a la cosmología estándar. Si ya existían agujeros negros semilla desde antes del propio Big Bang, esas estructuras gigantescas tendrían muchísimo más tiempo del que pensábamos para crecer, lo que explicaría por qué las vemos tan desarrolladas tan pronto.

Conviene ser claros: esto sigue siendo un modelo teórico, no una detección directa. Nadie ha «visto» uno de estos agujeros negros primordiales con la etiqueta de «anterior al Big Bang» puesta. Pero la ventaja de la propuesta es que hace predicciones comprobables: un fondo concreto de ondas gravitacionales y un rango de masas de agujeros negros que los próximos observatorios, tanto detectores de ondas gravitacionales como el propio Webb, podrían llegar a contrastar en los próximos años.

Como resume la propia Universidad de Portsmouth en su nota de prensa sobre el estudio, estas reliquias cósmicas podrían ofrecer un origen común para tres misterios que hasta ahora se investigaban por separado: la materia oscura, el fondo de ondas gravitacionales y el crecimiento precoz de los primeros agujeros negros supermasivos. Tres preguntas, una sola respuesta que viene de un universo que, técnicamente, ya no existe.

Así que la próxima vez que alguien te diga que «todo empezó con el Big Bang», puedes replicarle que puede que no fuera exactamente el principio… sino más bien un rebote. Y que parte de lo que te rodea ahora mismo podría ser más viejo que el propio universo que habitas.

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