Bir Tawil: la tierra que nadie quiere reclamar

Imagina un trozo de tierra del tamaño de la Comunidad de Madrid. Sin dueño legal, sin gobierno, sin impuestos y sin fronteras vigiladas. No es una isla perdida en el océano ni un iceberg a la deriva. Está clavado en pleno desierto, entre Egipto y Sudán, y se llama Bir Tawil. De hecho, es con casi total seguridad el único territorio habitable de todo el planeta que ningún país reclama.

Bir Tawil ocupa unos 2.060 km² de rocas, arena y calor insoportable. Hace hasta 45 grados durante nueve meses al año. Su nombre en árabe significa algo así como “el pozo largo”. Es una referencia a un antiguo pozo de agua que usan los nómadas de la zona. Sin embargo, lo curioso no es el paisaje, sino el papeleo. Por un lío administrativo de hace más de un siglo, ni Egipto ni Sudán lo quieren para sí.

Un lío de fronteras coloniales

La culpa la tiene el Imperio Británico. En 1899, cuando controlaba tanto Egipto como Sudán, trazó una frontera recta siguiendo el paralelo 22. Esa línea dejó Bir Tawil dentro de Sudán. Pero en 1902 los administradores británicos redibujaron la línea para que se ajustara mejor a cómo vivían las tribus locales. La etnia Ababda, vinculada a Egipto, usaba las tierras de Bir Tawil. Por eso, ese trozo pasó a la administración egipcia. A cambio, el fértil triángulo de Halaib —mucho más grande y con salida al mar Rojo— quedó bajo administración sudanesa.

Dos mapas y un mismo premio

El problema es que ambos países se quedaron con dos mapas distintos. Egipto defiende la frontera de 1899, que le da el triángulo de Halaib. Sudán, en cambio, defiende la de 1902, que también se lo otorga a él. Es decir, los dos se pelean por quedarse con el mismo premio gordo. Por eso, ninguno reclama oficialmente Bir Tawil. Hacerlo significaría renunciar a su versión del mapa y, con ella, al triángulo que de verdad les interesa. Nadie quiere la tierra pobre con tal de no ceder en la rica.

Aspirantes a rey de Bir Tawil

Que un territorio no pertenezca a nadie, curiosamente, no significa que nadie lo intente. A lo largo de las últimas décadas, varias personas han viajado hasta Bir Tawil para plantar una bandera. Allí se han proclamado gobernantes de su propio “país”. Entre los casos más sonados destacan estos:

  • En 2014, el estadounidense Jeremiah Heaton viajó hasta allí por su hija de siete años. Ella le había pedido ser una princesa de verdad, así que él proclamó el “Reino de North Sudan” y se autonombró rey.
  • El ruso Dmitry Zhikharev y otros aventureros han hecho viajes similares. Proclamaron repúblicas o principados que, como es lógico, ningún organismo internacional reconoce.
  • Existen incluso webs y banderas diseñadas para estos micro-Estados de fin de semana. Sin embargo, ninguno tiene gobierno real, población permanente ni reconocimiento diplomático.

La verdad es menos romántica. Ni Egipto ni Sudán van a permitir que un turista con una bandera se quede con el territorio. Por otro lado, ninguna de estas “coronaciones” tiene validez legal alguna. Aun así, Bir Tawil no está del todo vacío. Nómadas de las tribus Ababda y Bishari cruzan la zona con sus rebaños. En los últimos años, además, ha despertado el interés de empresas mineras por sus posibles yacimientos de oro. Eso podría complicar su estatus de “tierra de nadie” en el futuro.

Este tipo de anomalías fronterizas es más habitual de lo que parece. Sin ir más lejos, el Principado de Sealand es otro ejemplo célebre de micronación autoproclamada que ningún país reconoce.

La próxima vez que alguien diga que en la Tierra ya está todo descubierto y repartido, ya sabes qué responder. Cuéntale que hay un pedazo de desierto más grande que Luxemburgo, donde, técnicamente, podrías acampar sin pagar impuestos a nadie. Eso sí: llévate mucha agua, y no esperes que tu “reino” salga en ningún mapa oficial. Puedes leer más detalles sobre su historia en World Atlas.

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