Mide menos de dos centímetros, es venenosa y acaba de dejar en jaque a los científicos que la estudiaban. Hablamos de Excidobates perplexus, una ranita recién descrita en Ecuador que parecía, a simple vista, ser dos especies distintas. Spoiler: no lo es. Y su nombre científico, que en latín significa literalmente “desconcertante”, lo deja bien claro desde el primer momento.
Una rana con dos disfraces
El hallazgo fue anunciado a comienzos de octubre por el Instituto Nacional de Biodiversidad de Ecuador (Inabio). Tiene, además, un giro curioso: existen dos poblaciones de esta rana, separadas por unos 65 kilómetros, y cada una luce un “traje” completamente distinto. Los ejemplares de la cuenca del río Paute tienen el cuerpo negro con manchas escarlata. Los de la Cordillera del Cóndor, en cambio, exhiben un dorso verde salpicado de amarillo irregular. A simple vista, cualquiera diría que son dos especies diferentes con poco en común más allá del tamaño. Ambas miden entre 15 y 18 milímetros, apenas el ancho de una moneda.
Durante bastante tiempo, de hecho, los investigadores sospecharon exactamente eso. Pero cuando decidieron comparar el ADN de ambas poblaciones, la sorpresa fue mayúscula.
La genética desempata (y confunde)
El análisis genético reveló que la distancia entre ambas poblaciones es de apenas un 0,6% a 0,7%. Es una diferencia tan pequeña que no alcanza, ni de lejos, para hablar de especies distintas. En otras palabras, es la misma rana. Solo que va vestida de dos maneras muy diferentes, según el valle en el que haya crecido. Ese contraste entre lo que muestran los ojos y lo que dice el genoma tiene una explicación curiosa. Es justo lo que llevó a los científicos a elegir el nombre perplexus. Perplejos se quedaron ellos. Y perplejo se queda, por tanto, cualquiera que vea las fotos de ambas variantes una al lado de la otra.
Los machos tienen, además, un canto particular compuesto por entre 24 y 26 pulsos rápidos: una especie de tartamudeo musical. Por si el careto de confusión no fuera suficiente, ese canto también marca territorio. Y, de paso, ayuda a los biólogos a localizarlos entre la hojarasca.
Nace ya en la lista roja
Lo que podría ser solo una anécdota curiosa de laboratorio tiene, por desgracia, un lado mucho más serio. Los investigadores proponen clasificar a Excidobates perplexus directamente como En Peligro Crítico, según los criterios de la UICN. Es algo poco habitual para una especie que la ciencia acaba de conocer. El motivo es que su hábitat se superpone con grandes concesiones mineras para la extracción de cobre, oro y molibdeno. Esto ocurre, en concreto, en la población de la Cordillera del Cóndor. A eso se suman, además, la deforestación y el tráfico de fauna. Son dos amenazas crónicas, además, para los anfibios de la región amazónica y andina.
Es decir, esta rana ha pasado directamente de “desconocida para la ciencia” a “en la cuerda floja”. Y lo ha hecho sin pasar por la casilla intermedia de especie común y corriente. Un debut poco envidiable.
Por qué importa Excidobates perplexus, una rana de dos centímetros
Ecuador es, proporcionalmente a su tamaño, uno de los países con mayor diversidad de anfibios del planeta. Sin embargo, buena parte de esa diversidad sigue sin catalogar. Cada especie nueva que se describe es un recordatorio importante. Además, la ventana para proteger estos ecosistemas se cierra cada vez más rápido. Y eso es aún más alarmante cuando la especie resulta estar ya amenazada antes incluso de tener nombre. No es un caso aislado. Hace pocas semanas, la ciencia describía en el mismo país otra criatura con cuernos recién descubierta en Ecuador. Es la prueba de lo mucho que queda por catalogar en sus bosques. Las ranas venenosas, además, no son solo bonitas. Sus secreciones cutáneas son objeto de estudio para la ciencia farmacológica. Por eso, perder una especie antes de entenderla del todo es, literalmente, cerrar una puerta que ni siquiera habíamos llegado a abrir.
Así que la próxima vez que alguien diga que una rana no da lecciones de identidad, recuérdenle a Excidobates perplexus. Una sola especie, dos vestuarios. Y una advertencia seria, escondida detrás del nombre más honesto que le han puesto a un anfibio en mucho tiempo.
Puedes leer más detalles del hallazgo en este reportaje de Primicias.