Por qué crujen los nudillos (y si eso da artritis)

Seguro que conoces a alguien (quizá eres tú) que no puede pasar diez minutos sin crujirse los dedos. Y seguro que también conoces a alguien que, cada vez que lo oye, suelta la misma advertencia de siempre: “vas a acabar con artritis”. Pues bien: la ciencia lleva más de medio siglo intentando averiguar por qué crujen los nudillos. La respuesta es mucho más rara —y mucho menos preocupante— de lo que parece.

¿Qué es exactamente eso que hace crujir los nudillos?

Las articulaciones de los dedos están bañadas en un líquido lubricante llamado líquido sinovial, que actúa como aceite de motor para que los huesos no rocen entre sí. Durante décadas se pensó que el sonido lo producía una burbuja de gas disuelto en ese líquido al reventar de golpe cuando separas la articulación.

En 2015, un equipo de la Universidad de Alberta, liderado por el investigador Greg Kawchuk, decidió comprobarlo de una vez por todas. Metieron un dedo dentro de una máquina de resonancia magnética en tiempo real y tiraron de él con un cable hasta que crujiera. Lo que vieron cambió la explicación de siempre: la burbuja no estalla, se forma. Cuando las dos superficies óseas se separan de golpe, el líquido sinovial no puede llenar el hueco tan rápido. Se genera así una especie de vacío momentáneo —una cavidad de gas que aparece en microsegundos—. Ese colapso repentino de presión es lo que produce el chasquido, en menos de 310 milisegundos.

El estudio se publicó en PLOS ONE. De propina, los investigadores captaron un misterioso destello blanco justo antes del crujido, probablemente agua concentrándose de golpe en ese punto de la articulación.

Entonces, ¿por qué no puedes volver a crujirte el mismo dedo al momento?

Si lo has probado, sabrás que después de crujir un dedo necesitas esperar un rato —normalmente unos 20 minutos— para poder repetirlo. Tiene sentido con la explicación de la cavidad: el gas que se liberó tarda ese tiempo en volver a disolverse por completo en el líquido sinovial. Hasta que no se reabsorbe, no hay “burbuja” nueva que formar, así que el dedo simplemente no suena, por mucho que insistas.

¿Y la artritis? Aquí viene la parte divertida

La advertencia de las abuelas tiene, como mínimo, un contraejemplo espectacular. El médico californiano Donald Unger se crujió los nudillos de una mano todos los días durante más de 60 años. Dejó la otra mano intacta, como su propio grupo de control. Al final de su “experimento”, publicó los resultados: ninguna de las dos manos mostraba signos de artritis, y no había diferencias entre ellas. La broma científica le valió el Premio Ig Nobel de Medicina en 2009, el galardón que celebra investigaciones que primero hacen reír y después pensar.

Estudios más amplios y serios han llegado a conclusiones parecidas: no hay evidencia sólida de que crujirse los dedos cause artrosis. Lo que sí han encontrado algunos trabajos es una posible asociación, no muy consistente, entre crujir los nudillos de forma crónica y una ligera reducción en la fuerza de agarre. También señalan, en algunos casos, cierta inflamación de los tejidos blandos. Nada que vaya a dejarte sin manos, pero tampoco un hábito que haga falta presumir como saludable.

La moraleja

Así que la próxima vez que alguien se cruja los dedos a tu lado y te entren ganas de repetir la frase de “eso es malísimo”, ya tienes munición. Es un vacío de gas formándose en microsegundos dentro de tu articulación, documentado por resonancia magnética, y probablemente no te va a dar artritis. Eso no significa que a la persona sentada a tu lado le vaya a parecer menos molesto el ruido, pero esa ya es otra batalla.

Si te ha picado la curiosidad por estas rarezas del cuerpo, tampoco te defraudará saber por qué se te arrugan los dedos en el agua.

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