Llevas toda la vida pensando que tienes un cerebro. Sin embargo, según un estudio publicado este mes por investigadores de Stanford, en realidad tienes dos cerebros fusionados desde hace cientos de millones de años de evolución. No es una metáfora bonita: es lo que sugieren los datos, y podría explicar por qué la ciencia lleva décadas atascada intentando cultivar ciertas neuronas en el laboratorio.
El modelo que todo el mundo daba por bueno (y que puede que esté mal)
Desde hace décadas, la neurociencia asumía que el cerebro entero brota de un único tipo de célula progenitora en el embrión. Esa célula, según la teoría clásica, se iba ramificando hasta formar todas sus regiones: un solo origen, un único árbol genealógico celular.
El equipo liderado por el neurocientífico Kyle Loh, junto con Carolyn Dundes y Rayyan Jokhai como primeros autores, ha encontrado algo distinto al rastrear el desarrollo embrionario con detalle. El prosencéfalo y el mesencéfalo (la parte “delantera”, encargada del lenguaje, el razonamiento y la conciencia) proceden de una célula progenitora propia. En cambio, el rombencéfalo (la parte “trasera”, que controla la respiración, los latidos y funciones automáticas básicas) nace de una célula progenitora completamente distinta. No es una rama que se separa de otra, sino dos líneas de desarrollo paralelas que se acaban ensamblando. El estudio se publicó el 18 de septiembre en Nature Neuroscience.
Dos cerebros fusionados desde las medusas hasta las gallinas
Lo más llamativo es que este patrón de “doble origen” no es exclusivo del ser humano. Los investigadores lo encontraron también en pollos, peces cebra y, sorprendentemente, en gusanos bellota (acorn worms). Son unas criaturas que viven en el fondo marino y con las que, de hecho, compartimos un antepasado común remotísimo. Las medusas, que se separaron de nuestro linaje evolutivo hace entre 600 y 700 millones de años, ya tienen dos sistemas nerviosos distintos en extremos opuestos del cuerpo.
Dicho de otra forma: la evolución no diseñó un cerebro desde cero y de una pieza. Cogió dos sistemas nerviosos antiguos que ya existían por separado: uno más primitivo, centrado en mantenerte vivo, y otro más “moderno”, capaz de hacer poesía o preguntarse por su propio origen. Además, los fue empalmando generación tras generación hasta que encajaron en un mismo cráneo. Como dice el propio Loh, tener el cerebro como un único órgano sería probablemente más eficiente, pero seguimos arrastrando esta solución de parcheo evolutivo.
Por qué esto no es solo una curiosidad de laboratorio
Aquí viene la parte útil. Durante años, cultivar en el laboratorio neuronas del rombencéfalo (las que fallan en enfermedades como la ELA o la atrofia muscular espinal) ha sido mucho más difícil que cultivar neuronas del prosencéfalo. Nadie sabía muy bien por qué. Al fin y al cabo, se trata de dos cerebros fusionados con recetas celulares distintas, así que tiene sentido que las técnicas pensadas para una no funcionen igual de bien con la otra.
Con este nuevo mapa del desarrollo, el equipo de Stanford ha conseguido algo que no se había logrado antes: convertir células madre humanas en neuronas motoras funcionales del rombencéfalo en una placa de laboratorio, con toda su actividad eléctrica característica. Es una puerta abierta a estudiar mejor enfermedades que afectan al tronco encefálico, una región que hasta ahora se resistía a ser recreada fuera del cuerpo.
Por eso, la próxima vez que alguien te diga que “uses el cerebro”, puedes responder, con toda la razón científica de tu parte, que en realidad tienes dos cerebros fusionados trabajando en equipo. Por cierto, si te interesa cómo funciona tu cabeza mientras duermes, esto es lo que ocurre en tu cerebro cuando olvidas los sueños al despertar. Puedes leer los detalles completos del estudio en Stanford Medicine.