El pasado 20 de octubre, un cohete japonés despegó de la isla de Tanegashima con un pasajero muy especial a bordo: la sonda japonesa MMX (Martian Moons eXploration), de la agencia espacial JAXA, que viajará nueve meses hasta Marte… para no posarse en él. Su verdadero objetivo es Fobos, la mayor de las dos lunas marcianas, y el nombre de la misión suena a auténtico thriller espacial.
La agencia de noticias Jiji Press confirmó el lanzamiento, a bordo de un cohete H3 que sumó así su tercer éxito consecutivo, a través de nippon.com. Si todo va bien, la sonda llegará a la órbita marciana en 2027, pasará un par de años orbitando y rozando Fobos, recogerá al menos 10 gramos de su superficie y volverá a la Tierra hacia 2031, aterrizando en el desierto australiano. Sería la primera vez que la humanidad trae a casa una muestra de una luna marciana.
¿Por qué tanto lío por una roca de 22 kilómetros?
Porque nadie sabe realmente qué es Fobos. En serio: lleva décadas siendo uno de los pequeños enigmas no resueltos del sistema solar. Hay dos teorías principales y se contradicen entre sí de una forma deliciosamente incómoda para los científicos.
- Teoría de la captura: Fobos y su hermana Deimos serían asteroides primitivos que pasaron demasiado cerca de Marte y quedaron atrapados por su gravedad. Esta idea cuadra con el espectro de luz que refleja la superficie de Fobos, muy parecido al de los asteroides oscuros tipo D, los mismos que pueblan el cinturón exterior del sistema solar.
- Teoría del impacto: Las lunas serían en realidad escombros de un choque gigantesco contra Marte hace miles de millones de años, que se fueron acumulando en órbita como una bola de nieve espacial. Esta teoría explica mucho mejor otra pista clave: las órbitas de Fobos y Deimos son casi perfectamente circulares y ecuatoriales, algo muy raro en un asteroide capturado al azar, que debería llegar con una trayectoria mucho más caótica.
El problema es que cada teoría explica una pista y falla en la otra. Además, la teoría de la captura tiene un defecto de ingeniería cósmica: para que la gravedad marciana frenara y atrapara una roca que pasaba a toda velocidad, Marte habría necesitado una atmósfera muchísimo más densa que la actual. Nadie ha conseguido cuadrar del todo esa cuenta.
Lo que la muestra puede desvelar
Aquí es donde entra la química fina. Si Fobos es un asteroide capturado, su interior debería conservar compuestos volátiles (sustancias que se evaporan con facilidad, como ciertos hielos o compuestos de carbono) relativamente intactos. Si en cambio nació de un impacto brutal contra Marte, ese calor extremo habría «cocinado» y expulsado buena parte de esos volátiles mucho antes de que la roca se formara. Analizar isótopos, minerales y microestructura de una muestra real, directamente en laboratorios terrestres, permite zanjar algo que ninguna cámara orbital puede resolver a distancia.
La sonda japonesa MMX no viaja sola: lleva a bordo Idefix, un pequeño róver franco-alemán (de la agencia espacial francesa CNES y la alemana DLR) que se posará sobre Fobos para explorar su superficie antes de que la nave recoja material y emprenda el regreso.
La sonda japonesa MMX: una apuesta con historia detrás
MMX no ha tenido un camino fácil. Japón planeaba lanzarla originalmente en 2024, pero el fallo en el vuelo inaugural del cohete H3 obligó a posponerlo todo. Con tres lanzamientos exitosos seguidos, el H3 ya luce una tasa de éxito del 80%, y JAXA confirmó que las primeras señales de la sonda indican que todo funciona con normalidad.
Así que, durante los próximos cinco años, la sonda japonesa MMX va a rondar una luna marciana sin posarse jamás en el propio Marte, para traernos un puñado de polvo que quizá, por fin, resuelva un misterio que lleva más tiempo abierto que la propia exploración espacial moderna. Mientras tanto, otras misiones siguen rastreando pistas similares en el propio planeta rojo, como la molécula emparentada con el ADN que encontró el róver Curiosity en Marte.