La ciencia bautiza un nuevo escarabajo como Luffy, el pirata de goma de One Piece

En los bosques de Yunnan (China) y de Laos hay ahora, oficialmente, un escarabajo de goma. No literalmente: es un insecto normal, hecho de quitina como todos sus parientes. Pero tiene las mandíbulas, las antenas y los palpos tan desproporcionadamente largos y finos que un equipo de entomólogos del Museo de Historia Natural de Dinamarca no pudo evitar pensar en el mismo personaje: Luffy, el pirata elástico de One Piece. Y le pusieron su nombre a todo un género nuevo.

El estudio, publicado en la revista científica de acceso abierto ZooKeys y firmado por Fang-Shuo Hu y Alexey Solodovnikov, describe Luffy gen. nov., un género de escarabajo estafilínido (los llamados «escarabajos rove», una familia enorme y muy diversa de coleópteros con el abdomen expuesto y alas delanteras cortas) que hasta ahora no tenía nombre propio en la clasificación científica.

Un cuerpo hecho para estirarse

Lo que distingue a estos escarabajos de sus parientes cercanos no es un color llamativo ni un tamaño descomunal, sino una silueta que parece sacada de un dibujo mal proporcionado: mandíbulas, antenas y palpos maxilares mucho más largos y estrechos de lo habitual en el resto del linaje. Según los propios autores, esa elongación tan marcada recordaba de inmediato a la habilidad de Luffy para estirar su cuerpo como si fuera goma tras comer la fruta del diablo Gomu Gomu. No fue un capricho de fans: los investigadores insisten en que el nombre refleja directamente un rasgo morfológico real y diagnóstico del género.

Por ahora, dentro de Luffy se han descrito dos especies. Luffy schillhammeri apareció en los bosques de frondosas de la provincia china de Yunnan, y su nombre rinde homenaje al entomólogo Harald Schillhammer, del Museo de Historia Natural de Viena, por sus décadas de trabajo con estafilínidos. La segunda, Luffy nika, se localizó en Louang Namtha, en el norte de Laos, y su nombre es un guiño más directo todavía al manga: «Nika» es el despertar del Gomu Gomu no Mi que Luffy alcanza en la saga de Wano, la transformación conocida por los fans como Gear 5.

Por qué un nombre así importa para la ciencia

Puede sonar a broma de laboratorio, pero bautizar especies con referencias de cultura popular es una práctica con historia y con reglas: el nombre tiene que ir acompañado de una descripción taxonómica rigurosa, con comparación de caracteres físicos y ubicación exacta en el árbol evolutivo del grupo. En este caso, los autores explican que Luffy es clave para entender mejor el linaje de Eucibdelus, un grupo de escarabajos relacionado cuya posición dentro de la subfamilia Staphylininae llevaba tiempo resultando confusa. Tener un género «puente» bien descrito, con rasgos tan distintivos, ayuda a reordenar el rompecabezas genealógico de toda la tribu.

Además, ponerle un nombre reconocible a un bicho diminuto y desconocido tiene un efecto colateral nada desdeñable: la gente se entera de que existe. La inmensa mayoría de los insectos del planeta -se calculan millones de especies aún sin describir- nunca llegan a un titular. Un nombre que conecta con algo que millones de personas ya conocen y quieren -en este caso, uno de los mangas más vendidos de la historia- convierte un hallazgo taxonómico de nicho en una historia que se comparte, se lee y, con suerte, hace que alguien se pare a mirar más de cerca a los escarabajos del jardín.

Una tradición cada vez más habitual

Bautizar especies con nombres de la cultura pop no es nuevo -hay arañas llamadas como personajes de Star Wars, avispas como villanos de Harry Potter o caracoles como personajes de videojuegos-, pero cada caso reciente reaviva la misma pregunta simpática: ¿por qué a los taxónomos les gusta tanto esto? La respuesta suele ser doble. Por un lado, la ciencia también la hacen personas con sentido del humor y aficiones propias. Por otro, en un campo que lucha constantemente por financiación y atención pública, un nombre ingenioso es, sencillamente, buena estrategia de comunicación. Luffy schillhammeri y Luffy nika seguirán ahí, en sus bosques de Yunnan y Laos, ajenos a toda esta fama repentina, pero desde ahora forman parte de una lista curiosa: la de los bichos que un día se ganaron el nombre de un pirata que sueña con ser el Rey de los Piratas.

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