En las montañas del oeste de Tailandia, un grupo de herpetólogos se topó con el lagarto dragón de Rhaenyra. El hallazgo se produjo por encima de los 1.300 metros de altitud. De hecho, nadie lo había catalogado antes. Tenía el cuerpo pequeño y unos tonos verde amarillentos muy particulares. Además, según cuentan, ponía huevos en cantidades sorprendentemente grandes para su tamaño. Cuando llegó el momento de ponerle nombre científico, los investigadores no buscaron inspiración en un diccionario de latín clásico. En cambio, se fueron directos a House of the Dragon.
El animal se llama ahora Acanthosaura syrax, en honor a Syrax. Es la dragona de la reina Rhaenyra Targaryen en la serie de HBO. Y no es un capricho fan. Los propios autores del estudio, publicado en la revista científica ZooKeys, explican que el parecido no es casual. Igual que Syrax, este lagarto luce esa combinación de verdes y amarillos. Además, es de complexión más menuda que sus parientes cercanos. Pese a su tamaño discreto, además, se las apaña para producir puestas de huevos notablemente numerosas. Un dragón pequeño pero prolífico, vamos.
El lagarto dragón de Rhaenyra que llevaba siglos escondido a plena vista
Acanthosaura syrax pertenece al grupo de los llamados “dragones cornudos de montaña”, una familia de agámidos reconocibles por la cresta de espinas que recorre su cuello y su lomo. De hecho, es, en cierto modo, una versión de bolsillo de los dragones de fantasía. Y eso, mucho antes de que la televisión los pusiera de moda. Fue localizado en los bosques siempreverdes del Parque Nacional de Mae Wong, en las provincias de Tak y Kamphaeng Phet. Por lo que se sabe hasta ahora, es un rincón montañoso donde no vive en ningún otro sitio del planeta.
A simple vista ya llamaba la atención de los investigadores. Tiene las escamas de la cresta del cuello y el lomo más pequeñas que se conocen en todo su género. Además, carece de la mancha oscura alrededor del ojo que sí tienen varias especies emparentadas. En su lugar, luce un collar oscuro muy característico. Los machos presentan tonos verde amarillentos en labios y cuello, mientras que las hembras van del amarillo pálido al marrón anaranjado. Sin embargo, el aspecto exterior solo era la primera pista.
La confirmación llegó por ADN
Para estar seguros de que el lagarto dragón de Rhaenyra no era simplemente una variante de alguna especie ya conocida, el equipo analizó dos genes distintos del animal. Después, los comparó con los de su pariente más cercano, Acanthosaura lepidogaster, y con el resto de especies del género. Por tanto, el resultado confirmó lo que ya sugería su anatomía: se trata de una especie genéticamente distinta e independiente, no una simple variación regional.
Con este hallazgo, el género Acanthosaura suma ya 23 especies conocidas. Además, la mayoría están repartidas por los bosques montañosos del sudeste asiático. Y aunque suene a anécdota curiosa, este tipo de descubrimientos importa de verdad. Cada especie nueva que se documenta en un hábitat tan localizado es también un recordatorio de lo poco que sabemos todavía sobre la biodiversidad de estas montañas. Recordemos: solo se ha visto por encima de los 1.300 metros en ese parque concreto. Por eso mismo, es también una muestra de lo vulnerables que son estos ecosistemas tan específicos ante la deforestación o el cambio climático.
Bautizar especies con nombres de la cultura pop no es nuevo. Ya existen arañas llamadas como personajes de Star Wars y avispas con nombre de superhéroe. De hecho, hasta hay un escarabajo bautizado como Luffy, el pirata de goma de One Piece. Aun así, pocas veces el paralelismo encaja tan bien. Aquí hay un dragón de verdad, del tamaño de la palma de una mano, viviendo tranquilamente en una montaña tailandesa. Mientras tanto, su tocayo de ficción incendia reinos enteros en la televisión, y el lagarto dragón de Rhaenyra sigue a lo suyo, escondido entre la vegetación de Mae Wong.
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