¿Se te ha desafilado el cuchillo justo cuando ibas a cortar un tomate y no tienes piedra de afilar a mano? Puedes usar una taza para afilar cuchillos que seguramente ya tienes en el armario. De hecho, solo tienes que darle la vuelta a tu taza de café. En serio: el aro rugoso que tiene en la base puede devolverle el filo en menos de un minuto.
No es un mito de internet ni un truco de la abuela sin fundamento. Cocineros, aficionados a los cuchillos y hasta algún escéptico profesional lo han probado y confirman que funciona de verdad. Eso sí, conviene conocer algunos matices antes de pasar tu cuchillo favorito por ahí.
Cómo usar la taza para afilar cuchillos
- Coge cualquier taza o tazón de cerámica (no de porcelana fina ni de cristal) y dale la vuelta.
- Busca el aro sin esmaltar que rodea la base. De hecho, suele verse más mate, áspero y de un tono distinto al resto de la taza.
- Sujeta el cuchillo con un ángulo bajo, de unos 15-20 grados respecto a la superficie, similar al de una piedra de afilar.
- Desliza el filo sobre el aro rugoso desde el talón hasta la punta. Hazlo como si quisieras cortar una fina lámina de cerámica: dos o tres pasadas suaves por lado son suficientes.
- Además, alterna de lado para no desviar el filo hacia un solo costado. Después, comprueba el corte en un trozo de papel o un tomate.
Cuanta menos fuerza hagas, mejor. No se trata de raspar con violencia, sino de dejar que la propia rugosidad de la cerámica haga el trabajo.
Por qué funciona
La explicación de por qué la taza para afilar cuchillos funciona está en cómo se fabrican las tazas. Durante la cocción en el horno, las piezas de cerámica se apoyan sobre estanterías. Para que no se peguen al quemarse el esmalte, los alfareros dejan sin esmaltar el aro de la base que toca la bandeja.
Ese aro queda como cerámica cruda: porosa y mate. Sobre todo, es más dura que el acero con el que se fabrican la mayoría de los cuchillos de cocina.
Esa combinación —dureza superior más una superficie ligeramente rugosa— es exactamente lo que necesita una piedra de afilar para funcionar. Además, se trata de un material duro que arranca micropartículas de metal y realinea el filo. Varias pruebas de aficionados y medios especializados coinciden en algo: el grano del aro de una taza equivale al de una piedra de afilar de grano 1.000-1.200. En el mundo del afilado, eso se considera un grano fino. Además, está pensado más para pulir y realinear un filo que para reconstruir uno muy mellado o dañado.
Por eso el truco de la taza no sustituye a una piedra de afilar de verdad. Al menos no si tu cuchillo lleva meses sin pasar por una. Sin embargo, es perfecto como solución de emergencia. Te devuelve ese filo “recién afilado” a un cuchillo que ha perdido un poco de mordiente con el uso diario.
Un matiz importante: solo funciona en la parte sin esmaltar. El resto de la taza, la que brilla y tiene color, está cubierta de un vidriado liso. Ese vidriado no muerde el metal. Además, podría acabar rayándose o astillándose el cuchillo si insistes ahí. También conviene tener cuidado con la vajilla de porcelana fina o el cristal. Suelen ser demasiado lisos, o tan duros y quebradizos que arriesgas a mellar el filo en vez de afilarlo.
El mismo principio se puede aplicar a cualquier plato, cuenco o azulejo de cerámica con esa base sin esmaltar. Así que la próxima vez que friegues los platos, échale un vistazo a lo que tienes en el armario. De hecho, puede que ya tengas media docena de “piedras de afilar” disfrazadas de vajilla. Eso sí, varios medios que han probado el truco coinciden en un consejo. No esperes milagros con cuchillos muy baratos de acero blando, ni conviertas tu taza favorita en tu piedra de afilar. Eso sí, el desgaste del aro también se nota con el tiempo. Como explica House Digest en su análisis del truco, funciona mejor como mantenimiento rápido entre afilados de verdad. Sin embargo, no es un sustituto permanente de una piedra.
Así que ya sabes. La próxima vez que el cuchillo se resista a cortar un pimiento, no hace falta comprar una piedra de afilar. Puede que la solución llevara semanas escondida en el fondo del armario de la cocina. De hecho, ha estado ahí todo este tiempo, sirviendo café en tu taza para afilar cuchillos de toda la vida. Si te gustan estos trucos para recuperar el filo, prueba también el truco del papel de aluminio para afilar tijeras romas.