Un cohete de SpaceX se estrelló contra la Luna sin querer, y la NASA ya le ha hecho fotos al agujero

El 5 de agosto de 2026, a las 2:35 de la madrugada (hora de la costa este de EE. UU.), algo se estrelló contra la Luna a más de 8.700 km/h. No fue un asteroide ni un meteorito perdido: fue la segunda etapa de un cohete Falcon 9 de SpaceX, un trozo de chatarra espacial que llevaba año y medio dando vueltas sin rumbo fijo hasta que la gravedad lunar tomó la decisión por él.

Dos semanas más tarde, la NASA ha hecho lo que mejor sabe hacer: sacar fotos. Su sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), que lleva más de quince años orbitando la Luna, ha fotografiado el cráter recién nacido cerca del cráter Einstein, en la cara occidental del satélite. El resultado: un agujero de unos 18 metros de ancho por 3 de profundidad, rodeado de una especie de estrella de rayos claros y oscuros, donde el material más profundo removido por el impacto contrasta con el polvo lunar más viejo y oscuro de la superficie.

¿Cómo llegó un cohete hasta ahí?

La pieza que impactó no era basura cualquiera: era la etapa superior del Falcon 9 que en enero de 2025 puso en órbita Blue Ghost 1, el aterrizador lunar de la empresa Firefly Aerospace. Cumplida su misión, la etapa debía estabilizarse y quedarse relativamente quieta en una órbita alta alrededor de la Tierra. La maniobra falló. Sin control, su órbita se fue degradando poco a poco durante meses hasta que la gravedad de la Luna terminó por atraparla.

Para fotografiar el lugar exacto del impacto, el equipo del LRO tuvo que inclinar sus cámaras mientras la sonda volaba a más de un kilómetro y medio por segundo sobre la superficie, con ayuda de datos de la sonda surcoreana Danuri para acotar la zona de búsqueda. Encontrar un agujero de 18 metros en un cuerpo con más superficie que África y Europa juntas no es exactamente buscar una aguja en un pajar: es buscarla en un pajar del tamaño de un continente.

La Luna se está llenando de basura

Aquí llega la parte menos divertida. La Luna no tiene atmósfera, así que no hay rozamiento que destruya nada al caer: todo lo que llega, se queda ahí para siempre, tal cual. Según estimaciones recientes, hay ya cerca de 3.000 objetos artificiales repartidos por la superficie lunar, con un peso conjunto que ronda las 209 toneladas: etapas de cohetes, módulos de aterrizaje fuera de servicio, restos de misiones de hace décadas y, ahora, este nuevo cráter.

No es solo una cuestión estética. A medida que agencias espaciales y empresas privadas multiplican sus misiones a la Luna, con planes de bases permanentes sobre la mesa para la próxima década, la cantidad de chatarra en órbita lunar (parte de ella en rutas de colisión lentas) no deja de crecer. Sin un sistema internacional serio de seguimiento y desorbitado controlado, el riesgo de que una futura base lunar reciba una visita inesperada de metal a miles de km/h es cada vez menos hipotético.

No es la primera vez que un objeto humano golpea la Luna, a propósito o por accidente. Durante la era Apolo, la NASA estrellaba deliberadamente etapas de cohetes ya usadas contra la superficie para que los sismómetros dejados por los astronautas registraran las ondas y ayudaran a mapear el interior lunar. En 2022, otro trozo de cohete de origen incierto —probablemente chino— dejó un curioso cráter doble que sorprendió a los científicos por su forma. La diferencia esta vez es que sabemos exactamente qué se estrelló, cuándo y por qué: un lujo que la chatarra espacial no siempre nos concede.

Por ahora, el cráter del Falcon 9 es sobre todo una curiosidad astronómica: un pequeño hoyo nuevo en un paisaje que lleva miles de millones de años acumulando cicatrices de impactos. Pero es un recordatorio de que, aunque la Luna nos parezca un lugar remoto e inmutable, cada vez dejamos en ella una huella humana más grande, y muy literal. Puedes ver las imágenes originales de la NASA en este artículo de NASA Science.

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