El bostezo contagioso es tu cerebro enfriándose

¿Has bostezado leyendo la palabra «bostezo» en las últimas frases? No eres tú, es tu cerebro. Durante décadas se pensó que el bostezo contagioso era simple imitación social. Era algo parecido a cruzar las piernas cuando lo hace la persona de enfrente. Sin embargo, la ciencia lleva casi veinte años apuntando a algo mucho más raro. Puede que estés contagiándote de un bostezo porque el cerebro de la otra persona se estaba recalentando. El tuyo, por solidaridad, acaba de decidir refrescarse.

La hipótesis del aire acondicionado craneal

El investigador Andrew Gallup, junto con Gordon Gallup, publicó en 2007 un experimento en la Universidad de Albany. Era tan simple como ingenioso. Reunieron a un grupo de estudiantes. Además, les pidieron que vieran vídeos de gente bostezando mientras sostenían un paquete térmico contra la frente. Unos tenían un paquete frío (4°C), otros uno templado a temperatura ambiente y otros uno caliente (46°C). El resultado fue contundente: quienes tenían la frente fría apenas bostezaron al ver los vídeos. En cambio, los grupos con el paquete caliente o a temperatura ambiente bostezaron con normalidad. De hecho, fue como cualquiera de nosotros en una reunión aburrida.

La explicación que proponen es que el bostezo funciona como un radiador biológico. Al abrir tanto la boca, el flujo de aire frío entra en las cavidades nasales y sinusales. Ahí enfría la sangre que pasa cerca de esa zona, y esa sangre, ya más fresca, llega directamente al cerebro. Si el cerebro ya está fresco —como con el paquete de hielo en la frente— el reflejo de bostezar contagiado no se activa. Simplemente no hace falta. Es una especie de purga térmica automática. Además, verla en otra persona parece disparar el mismo mecanismo en la tuya. Es como si el cuerpo dijera: «oye, a lo mejor yo también lo necesito».

Por qué el bostezo contagioso solo aparece con la gente que te cae bien

Aquí viene la parte más curiosa: el contagio no es igual de fuerte con cualquiera. Varios estudios de comportamiento han encontrado que las personas bostezan más al ver bostezar a alguien cercano: familia, pareja, amigos. En cambio, bostezan menos con un desconocido. Además, no es solo cosa de humanos. En un estudio con perros de 2013, los animales bostezaban muchas más veces al ver bostezar a su propio dueño. Sin embargo, bostezaban mucho menos al ver a un desconocido.

Esa dependencia del vínculo social ha llevado a otra teoría, no excluyente con la del enfriamiento. El bostezo contagioso estaría conectado con la empatía y las llamadas neuronas espejo. Son esas células cerebrales que se activan tanto cuando hacemos una acción como cuando vemos a otro hacerla. Cuanta más cercanía emocional sientes con alguien, más fácil es que tu cerebro «imite» internamente lo que ve. El bostezo sería solo la parte visible de ese eco neuronal. Es un mecanismo muy parecido a otros por los que tu cerebro procesa y recuerda experiencias sin que tú lo decidas.

Los niños pequeños no pican

Otro dato que respalda la conexión con la empatía: los bebés y niños muy pequeños casi no muestran bostezo contagioso. La capacidad de «pillar» un bostezo ajeno empieza a aparecer alrededor de los 4 años. Es justo cuando el cerebro infantil empieza a desarrollar en serio la teoría de la mente. Es decir, la capacidad de entender que otras personas tienen sus propios estados internos. Por tanto, no es casualidad que ambas cosas maduren en paralelo.

Eso sí, conviene no perder de vista que gran parte de esta evidencia procede de estudios relativamente pequeños. De hecho, el experimento original del paquete térmico se hizo con apenas 33 estudiantes. Por eso, ningún investigador serio lo presenta como la explicación definitiva y cerrada. Es probable que el enfriamiento cerebral, la imitación social y la empatía se solapen y se refuercen entre sí, en lugar de ser teorías rivales.

Así que la próxima vez que alguien te acuse de aburrirle por bostezar en su cara, puedes explicarle algo curioso. Con la boca todavía medio abierta, dile que en realidad le estás regulando la temperatura del cerebro. Aun así, suena mejor que «perdona, es que esta reunión es un tostón».

Fuente: ScienceDaily, sobre el estudio de Gallup y Gallup (2007) publicado en Evolutionary Psychology.

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