La palmera subterránea que nunca ve la luz

Imagina una planta que vive toda su vida amorosa a escondidas: florece bajo tierra, se poliniza bajo tierra y da sus frutos bajo tierra, sin que un solo pétalo asome jamás a la superficie. Suena a broma botánica, pero existe, crece en las selvas de Borneo y tiene nombre científico: Pinanga subterranea, la primera palmera subterránea del mundo descrita con una floración y fructificación completamente bajo el suelo.

El hallazgo, publicado en 2023 por investigadores del Real Jardín Botánico de Kew junto a colegas de Indonesia y Brunéi, tiene además una historia de detective de por medio. El botánico malasio Paul Chai se topó con esta palmera “rara” en el Santuario de Vida Silvestre de Lanjak Entimau, en Sarawak, allá por los años 90, pero el hallazgo quedó dormido durante dos décadas. No fue hasta 2018, durante un desayuno de trabajo con otros botánicos, cuando Chai mencionó de pasada aquella palmera perdida que nadie había vuelto a documentar. Aquel comentario casual puso en marcha la investigación que terminó confirmando la nueva especie.

Una palmera subterránea, rareza incluso para los botánicos

“Supimos enseguida que era una palmera muy rara”, explicó Benedikt Kuhnhäuser, botánico de Kew, tras examinar los primeros ejemplares. Y no es para menos: entre las más de 2.600 especies de palmeras catalogadas en el planeta, ninguna otra completa todo su ciclo reproductivo bajo el suelo. La Pinanga subterranea saca sus inflorescencias directamente desde la base del tallo, empujándolas hacia abajo en lugar de hacia arriba, y allí mismo, enterradas, ocurre la polinización —se sospecha que gracias a insectos que viven en la hojarasca— y el desarrollo del fruto.

Este truco evolutivo, conocido como geocarpia, no es exclusivo de esta palmera: el cacahuete también entierra su fruto tras florecer al aire libre, y una curiosa orquídea australiana, la Rhizanthella, vive enteramente bajo tierra. Sin embargo, ninguna otra palmera conocida hace ambas cosas —florecer y fructificar— sin salir jamás a la luz. Es, de momento, un caso único dentro de su familia, tan singular como la flor del diablo hallada recientemente en Tailandia, otra rareza botánica que ha sorprendido a los científicos.

Los locales llevaban razón desde hace siglos

Lo más curioso es que, para la ciencia, la planta era una completa desconocida, pero para las comunidades de Sarawak y Kalimantan no tenía ningún misterio. Los frutos, de un rojo intenso y sabor dulce y jugoso, se consumen como un pequeño manjar local, y la planta ya tenía nombre en al menos tres lenguas indígenas antes de que ningún científico se fijara en ella. Los botánicos, de hecho, solo dieron con los frutos maduros gracias a que preguntaron a los habitantes de la zona dónde encontrarlos: había que escarbar.

¿Cómo pudo pasar desapercibida durante tanto tiempo un rasgo tan extraordinario? La respuesta es casi decepcionante de tan sencilla: sin flores ni frutos a la vista, esta palmera se parece muchísimo a las plantas juveniles de otras especies de palmera comunes en la isla. Entre las cerca de 300 especies de palmeras ya catalogadas en Borneo, pasó por invisible durante décadas simplemente porque nadie tenía motivos para agacharse a cavar.

Por qué importa más allá de la anécdota

Más allá de lo curiosa que resulta, la historia de esta palmera subterránea es un recordatorio de que Borneo —una de las selvas tropicales más antiguas y biodiversas del planeta— sigue guardando secretos incluso en especies que la gente lleva generaciones comiendo. Ponerle nombre científico a la planta no es solo un trámite: es el primer paso para poder evaluar su estado de conservación y protegerla frente a la deforestación que avanza sobre su hábitat en Sarawak y Kalimantan.

Así que la próxima vez que pienses que ya se ha descubierto todo sobre el mundo natural, recuerda esta palmera subterránea y tímida que decidió vivir su vida entera bajo el suelo, sin dar espectáculo, hasta que un desayuno entre botánicos la sacó, literalmente, a la luz.

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