La flor del diablo: la planta negra hallada en Tailandia

En lo más profundo de un bosque montañoso del oeste de Tailandia, un grupo de botánicos apartó unas hojas del suelo. Lo que encontraron parecía sacado de una ilustración de terror victoriana: una flor diminuta, casi negra, con lo que parecen dos ojos anaranjados brillando bajo un capuchón puntiagudo. La han bautizado, con acierto, Thismia daemona, la flor del diablo.

El hallazgo, descrito este mes en la revista científica PhytoKeys por investigadores de la Universidad Chulalongkorn y la Universidad del Príncipe de Songkla, se produjo en el Parque Nacional Thong Pha Phum. Fue en un bosque siempreverde estacional a casi 1.000 metros de altitud. Y ahí ya hay una primera sorpresa: las Thismia, el género al que pertenece, suelen vivir en selvas tropicales húmedas de tierras bajas, no en montañas relativamente secas. Esta planta, por lo visto, no leyó el manual de instrucciones de su propia familia.

La flor del diablo ni se molesta en hacer la fotosíntesis

Lo más curioso de la flor del diablo no es solo su aspecto de personaje de videojuego, sino cómo vive. No tiene clorofila, así que no puede fabricar su propio alimento a partir de la luz del sol como hace el resto del reino vegetal. En su lugar, es micoheterótrofa: se alimenta de los hongos subterráneos de los que absorbe nutrientes, a través de unas raíces con forma de coral en miniatura. Es una relación que, de hecho, a los hongos seguramente les parecería bastante injusta si pudieran quejarse.

De hecho, esto significa que la planta pasa prácticamente toda su vida bajo el suelo, invisible, alimentándose en la oscuridad. Solo cuando llega el momento de reproducirse asoma su flor entre la hojarasca durante unos pocos días, lo justo para ser polinizada, y vuelve a desaparecer. Por eso este tipo de plantas son tan difíciles de encontrar: no es tanto que sean rarísimas, es que se esconden de maravilla.

Ojos de demonio y un vestuario de alta costura en miniatura

La descripción técnica de la flor parece sacada de un catálogo de moda para fantasmas. Tiene pétalos exteriores carnosos de color naranja rojizo y un capuchón interior en forma de mitra —como el gorro puntiagudo de un obispo— rematado por tres apéndices finos a modo de cuernos. Además, sus estambres son de un azul translúcido con la punta curvada hacia atrás. Las manchas anaranjadas de la base, que recuerdan a un par de ojos encendidos, son las que le han dado su nombre y su repentina fama en internet.

Con esta nueva incorporación, Tailandia suma ya 16 especies de Thismia registradas en su territorio. Sin embargo, hay otro dato que la hace especial. Pertenece a una sección del género, llamada Geomitra, que hasta ahora solo se conocía en Malasia peninsular, Borneo y Sumatra. Su aparición en Tailandia continental amplía por primera vez el mapa conocido de este grupo de plantas varios cientos de kilómetros hacia el norte.

Descubierta y ya en peligro de desaparecer

La mala noticia llega rápido: los investigadores solo han localizado una población de menos de 50 individuos. Están repartidos en una superficie más pequeña que un campo de fútbol. Por eso ya se la ha evaluado provisionalmente como en peligro crítico de extinción, antes incluso de que el gran público haya tenido tiempo de aprender a pronunciar bien su nombre.

Es un patrón que se repite mucho con este tipo de plantas subterráneas. Al depender de un hongo concreto, de una humedad concreta y de un pedacito de bosque muy específico, cualquier alteración —una carretera, una tala, un cambio en el clima local— puede borrarlas del mapa antes de que la ciencia llegue a entenderlas del todo. De hecho, Thismia daemona llevaba ahí, escondida, probablemente desde mucho antes de que existiera Tailandia como país. Ahora que por fin la hemos visto, más nos vale no convertirnos en la razón de que dejemos de verla. Si esta especie te ha sorprendido, el lagarto dragón de Rhaenyra que ya existe en Tailandia es otro descubrimiento reciente del mismo país que vale la pena conocer.

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