Mosquitos en Islandia: el único acabó en un tarro

En casi cualquier rincón del planeta con agua estancada y algo de calorcillo, tarde o temprano aparece el zumbido inconfundible de un mosquito buscando tobillo. No hay mosquitos en Islandia. Es uno de los pocos lugares habitados del mundo donde, oficialmente, no vive ni un solo mosquito. Y lo más curioso no es que no los haya: es que nadie sabe explicar del todo por qué.

Un mosquito, un avión y un tarro de cristal

La historia tiene hasta protagonista. En los años 80, el biólogo islandés Gísli Már Gíslason encontró un mosquito dentro de la cabina de un avión. El avión acababa de aterrizar en Islandia. Lo atrapó, lo metió en alcohol y lo guardó en un tarro. Según recoge Snopes, ese ejemplar sigue siendo, a día de hoy, el único mosquito confirmado jamás hallado en el país. Llegó en avión, se quedó encerrado en un bote… y punto. Ni descendencia ni colonia ni nada.

Sin embargo, lo llamativo es que no es porque los mosquitos no puedan llegar. Lo hacen constantemente, en barcos, en aviones, arrastrados por el viento. De hecho, el problema es que, una vez allí, no consiguen establecerse. Como si Islandia tuviera un cartel invisible de “no se admite fauna chupasangre”.

Entonces, ¿por qué no echan raíces los mosquitos en Islandia?

Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque la ciencia tiene teorías, no una respuesta cerrada. La más aceptada apunta al clima oceánico inestable de la isla. Islandia suele pasar por tres ciclos de congelación y deshielo a lo largo del año, en vez de un único invierno largo y estable. Los huevos de mosquito necesitan que el hielo se derrita de forma predecible para completar su ciclo vital. Por eso, ese vaivén constante los pilla a contrapié una y otra vez.

Lo raro es que esa explicación no cierra del todo el misterio. Aun así, Groenlandia, Noruega, Dinamarca y Escocia tienen climas durísimos y fríos de sobra, y allí los mosquitos campan a sus anchas. El Instituto Islandés de Historia Natural ha señalado que tampoco es un problema de falta de charcas o lagunas donde poner huevos. De hecho, Islandia tiene agua estancada de sobra. Hay incluso otra hipótesis sobre la química particular del agua y el suelo volcánico islandés. Aunque, de momento, sigue siendo solo una conjetura sin confirmar.

Islandia no es el único país nórdico con rarezas de este tipo. En Clear & Near también hemos contado por qué, en Longyearbyen, en el Ártico noruego, durante años estuvo prohibido morir allí.

Una tregua que podría tener fecha de caducidad

Aquí viene la parte menos divertida. Según el mismo Gíslason, la temperatura media en Islandia ha subido casi 1 grado Celsius en las últimas dos décadas por el cambio climático. El calentamiento podría seguir su curso, con inviernos cada vez más estables y menos ciclos de hielo-deshielo. Si eso ocurre, las condiciones que hoy frenan a los mosquitos podrían desaparecer. El propio biólogo advirtió que, de seguir así, Islandia podría dejar de ser esa rareza entomológica en no demasiado tiempo.

Así que, si alguna vez vas de viaje a Islandia y notas que te faltan las ronchas en los tobillos, no es cosa tuya. Los mosquitos en Islandia siguen siendo, por ahora, una rareza que la naturaleza regala a sus visitantes frente a ese incordio universal. Eso sí, no te confíes del todo: a los jejenes y a las garrapatas sí les va bastante bien por allí.

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