El tiburón caminador de Dudgeon: una nueva especie marina

Imagina un tiburón que, en lugar de deslizarse elegante por el agua, se mueve por el fondo del mar contoneando las aletas como si fueran patas, colándose entre las rocas de un arrecife de noche. No es una escena de dibujos animados: es exactamente lo que hace la Hemiscyllium dudgeonae, una especie recién descrita que los biólogos han bautizado como el tiburón caminador de Dudgeon.

El hallazgo ocurrió en aguas poco profundas del sureste de Papúa Nueva Guinea, cuando la doctoranda Jess Blakeway, de la Universidad de Sunshine Coast (Australia), capturó un ejemplar durante una inmersión nocturna. En un primer momento pensó que se trataba de una especie ya conocida del mismo género, pero algo no le cuadraba: el patrón de manchas en la piel era distinto. De vuelta en el laboratorio, el análisis genético confirmó lo que sospechaba: no era un pariente conocido, era una especie nueva para la ciencia. Los investigadores localizaron después otros once ejemplares en la misma zona, lo que les permitió describir la especie con garantías. El nombre es un homenaje a la doctora Christine Dudgeon, supervisora del proyecto y una de las mayores expertas mundiales en este género de tiburones, al que lleva más de veinte años dedicada.

El tiburón caminador de Dudgeon no está solo

Puede sonar a anomalía evolutiva, pero caminar por el fondo marino es casi una tradición familiar. El género Hemiscyllium —al que también pertenece el conocido tiburón epaulette— agrupa ya al menos nueve especies capaces de desplazarse así, todas ellas restringidas a los arrecifes del archipiélago malayo y Nueva Guinea. Usan las aletas pectorales y pélvicas a modo de patas delanteras y traseras, en un movimiento que recuerda más al de una salamandra que al de cualquier otro pez. De hecho, no es el único hallazgo reciente que amplía el árbol de la vida en la región: hace apenas unos meses se describió también una nueva especie de araña con cuernos, prueba de que todavía quedan muchas sorpresas por catalogar.

¿Y por qué molestarse en caminar cuando se tienen aletas hechas para nadar? La respuesta está en la marea. Cuando el agua baja, estos arrecifes se fragmentan en charcos aislados donde el oxígeno escasea y el dióxido de carbono se acumula rápidamente. Caminar les permite moverse entre esos charcos, colarse en grietas estrechas para escapar de depredadores y, si hace falta, arrastrarse brevemente incluso fuera del agua. Es, literalmente, su estrategia de supervivencia ante un vecindario que se queda sin oxígeno varias veces al día.

Aguantar sin respirar como nadie

Lo más sorprendente de esta familia de tiburones no es que camine, sino lo que su cuerpo es capaz de tolerar mientras lo hace. Estudios sobre el tiburón epaulette (Hemiscyllium ocellatum), pariente cercano del recién descrito, muestran que puede sobrevivir hasta dos horas en ausencia total de oxígeno sin daños aparentes, y a temperaturas más altas que cualquier otro animal conocido con esa tolerancia a la hipoxia. Para que te hagas una idea: el cerebro humano empieza a sufrir daños irreversibles a los pocos minutos sin oxígeno. Cómo consigue este tiburón «pausar» su metabolismo sin consecuencias sigue siendo, según los propios investigadores, un misterio en gran parte sin resolver.

Pese a su currículum de superviviente extremo, el tiburón caminador de Dudgeon no tiene nada de monstruo marino: mide apenas unos 60-70 centímetros, es totalmente inofensivo para las personas y se alimenta de pequeños crustáceos, gusanos y moluscos que rebusca entre la arena con la misma parsimonia con la que un gato husmea un rincón nuevo de la casa. Si algún día bucearas de noche por un arrecife del Pacífico occidental y vieras algo «caminando» bajo tu linterna, probablemente no sea una pesadilla, sino uno de estos simpáticos y pausados paseantes.

El problema es que, de momento, su área de distribución conocida es minúscula: una franja concreta de costa en Papúa Nueva Guinea sometida a pesca local y degradación de arrecifes. Los científicos todavía no han podido asignarle una categoría de conservación oficial, pero advierten que ese hábitat tan reducido lo convierte en una especie vulnerable casi por definición: basta con que algo le ocurra a ese tramo de arrecife para poner en riesgo a toda la especie antes de que hayamos terminado de conocerla.

Puedes leer más sobre el hallazgo original en la Universidad de Sunshine Coast, la institución que lideró la investigación.

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