Durante casi cuarenta años, el hexágono de Saturno ha sido una de las postales más raras del sistema solar: una figura geométrica gigantesca, perfectamente dibujada por las nubes en el polo norte del planeta, que ningún otro mundo parecía tener. Pues bien, resulta que Saturno se guardaba un as en la manga. En el polo sur acaba de aparecer su hermano pequeño, con diez lados en vez de seis: así ha nacido el decágono gigante de Saturno.
El hallazgo, publicado el 2 de septiembre de 2026 en la revista Science Advances, es obra de un equipo internacional liderado por el físico Agustín Sánchez-Lavega (Universidad del País Vasco), junto con investigadores del Laboratorio de Ciencias Espaciales de la Universidad de California en Berkeley y del Centro Goddard de la NASA. Y como suele pasar en astronomía, el primer aviso no vino de un supercomputador, sino de un par de aficionados con muy buen ojo: Trevor Barry y Jean-Paul Oger detectaron en 2024 una banda ondulada y difusa cerca del polo sur al repasar imágenes antiguas del telescopio espacial Hubble que se remontaban a 2023 — de hecho, ya habíamos contado aquí mismo los primeros indicios de esta figura cuando aún era solo un patrón borroso en las imágenes.
Del rumor a la confirmación
Una cosa es intuir una forma rara en un borrón de píxeles y otra muy distinta demostrar que es real. Con observaciones adicionales tomadas en 2025 desde telescopios terrestres, el equipo confirmó que aquella banda difusa se había convertido en un decágono nítido y estable, atrapado dentro de una de las corrientes en chorro (jet streams) que recorren la atmósfera saturnina. No es un efecto óptico ni una nube pasajera: los análisis muestran que la estructura se extiende en profundidad, a través de varias capas de la atmósfera, así que es un fenómeno físico real y no solo un dibujo en la capa de nubes.
Y aquí viene el dato que le da la vuelta a casi cuarenta años de asombro: el decágono gigante de Saturno resulta todavía más inestable que el famoso hexágono, además de mayor en tamaño. Mide unos 167.820 kilómetros de diámetro (cada uno de sus diez lados ronda los 16.780 km), frente a los aproximadamente 32.000 kilómetros del hexágono. Para hacerse una idea, el decágono cabría trece veces la Tierra a lo ancho.
El decágono gigante de Saturno frente al hexágono
Ambas figuras nacen del mismo tipo de proceso: una onda que queda atrapada dentro de una corriente en chorro curva, algo que los científicos han podido reproducir en el laboratorio con simulaciones de agua poco profunda circulando en canales curvos, muy parecido a como se forman remolinos en un río al rodear una piedra. Sin embargo, el comportamiento no es idéntico. El hexágono del polo norte es prácticamente inmóvil respecto al planeta, como si estuviera atornillado al eje de rotación. El decágono, en cambio, se desplaza hacia el este a un ritmo pausado de unos 10 km/h, empujado por vientos que en esa zona alcanzan los 400 km/h.
Sánchez-Lavega lo resumía con una frase que probablemente le duela un poco a los fans del hexágono: el hexágono único no es tan extraordinario como pensábamos. Dicho de otro modo, Saturno no tenía una rareza geométrica irrepetible en el norte, sino una tendencia: cuando las condiciones de viento, temperatura y rotación son las adecuadas, el planeta parece capaz de dibujar polígonos casi perfectos en cualquiera de sus polos.
Por qué importa más allá de lo bonito que queda en foto
Más allá del titular vistoso, el descubrimiento obliga a revisar los modelos de dinámica atmosférica de los planetas gigantes. Si estas figuras geométricas no son una rareza exclusiva de un polo concreto, sino un resultado natural de cómo interactúan los chorros de viento con la rotación del planeta, es de esperar que aparezcan patrones similares en otros mundos con atmósferas parecidas: Júpiter, Urano, Neptuno o incluso exoplanetas gaseosos fuera del sistema solar. Por eso, el equipo seguirá observando el decágono gigante de Saturno con el Hubble en los próximos años para ver si se mantiene estable, si cambia de forma o si, como el hexágono, resulta ser un habitante permanente del paisaje saturnino.
Por ahora, lo que tenemos es una imagen que parece sacada de un videojuego de ciencia ficción: un gigante gaseoso con figuras geométricas gigantes girando en sus dos polos, dibujadas por el viento a cientos de kilómetros por hora. Puedes leer los detalles técnicos originales del hallazgo en la página oficial de la NASA sobre el Hubble.