Begich Towers: el edificio que es un pueblo entero

Imagina un pueblo donde el supermercado, la comisaría, el colegio y tu propio salón están a un ascensor de distancia. No es el decorado de una serie distópica. Existe, se llama Whittier, está en Alaska, y para la inmensa mayoría de sus vecinos, el pueblo entero cabe dentro de un único edificio: Begich Towers.

Whittier tiene algo más de 270 habitantes. Según el medio de verificación de datos Snopes, entre el 80% y el 90% vive en el mismo bloque: las Begich Towers, catorce plantas y 196 apartamentos que se han ganado el apodo de “la ciudad bajo un solo techo”. El resto de la población se reparte en un segundo edificio de condominios cercano, así que, estrictamente, no es TODO el pueblo bajo un techo… pero casi.

Begich Towers: un edificio que hace de pueblo entero

Según recoge Smithsonian Magazine, dentro de Begich Towers no solo hay viviendas. También operan el ayuntamiento, la comisaría de policía, la oficina de correos, un supermercado, una lavandería, una clínica médica y hasta una iglesia, todo en las plantas bajas. El colegio está pegado al edificio y conectado por un túnel interior, así que los niños van a clase sin pisar la nieve ni un solo día del curso.

Y eso importa más de lo que parece. Whittier recibe algunas de las nevadas más brutales de Alaska —varios metros al año— y vientos que superan con facilidad los 100 km/h. Entre octubre y abril, cuando el tiempo se pone feo (que es casi siempre), ni siquiera hace falta ponerse el abrigo para ir a comprar el pan.

De base militar secreta a edificio-pueblo

Begich Towers no se construyó pensando en la comodidad, sino en la guerra. El edificio nació en los años 50, bajo el nombre de Hodge Building, como alojamiento del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU., que había elegido Whittier durante la Segunda Guerra Mundial como puerto estratégico. Su clima permanentemente nublado lo hacía casi invisible para los bombarderos japoneses. El ejército mantuvo activa la base hasta 1960. Después, el edificio se fue reconvirtiendo poco a poco en vivienda civil hasta convertirse en lo que es hoy.

Durante décadas, la única forma de entrar o salir de Whittier por tierra fue un túnel ferroviario de casi cuatro kilómetros excavado bajo el monte Maynard. No se abrió al tráfico de coches hasta el año 2000 y, según varias fuentes, sigue siendo el túnel de carretera más largo de Norteamérica. Eso sí, no se entra cuando a uno le apetece. El tráfico se turna por horarios fijos en un solo carril y el túnel cierra cada noche a las 22:30. Si se te escapa el último turno, te toca dormir en el coche o en el único motel del pueblo.

¿Y por qué nadie se muda a algo más grande?

Lo curioso es que a los vecinos de Whittier el plan les funciona de maravilla. El pueblo incluso ha crecido un poco en las últimas décadas: 182 habitantes en el censo de 2000, 220 en 2010 y 272 en el de 2020. Vivir puerta con puerta con la tienda, el médico, el colegio y la policía, en un sitio donde salir a la calle en enero puede ser literalmente peligroso, convierte algo que suena a pesadilla logística en una solución bastante razonable.

Así que la próxima vez que te quejes de que el vecino aparca mal o de que se oye todo por el hueco de la escalera, piensa en Whittier. Allí el vecino de arriba podría ser, sin exagerar, el jefe de policía, y el de abajo, la única tienda de comestibles en muchos kilómetros a la redonda.

Si esta historia te ha dejado con ganas de más, ya contamos en detalle cómo es la vida cotidiana en Whittier, el pueblo-edificio de Alaska.

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