El 21 de noviembre de 2026, si todo sale bien, BepiColombo llega a Mercurio. Una nave del tamaño de un autobús frenará en seco frente al planeta más achicharrado del sistema solar y se dejará atrapar por su gravedad. Es un proyecto conjunto de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la japonesa JAXA, y lleva viajando hacia el planeta desde el 20 de octubre de 2018. Ocho años de trayecto para recorrer una distancia que, en línea recta, se cubriría en unos meses. ¿Por qué tarda tanto? Ahí está lo interesante.
El planeta “cercano” que es una pesadilla de llegar
Suena contraintuitivo. Sin embargo, Mercurio es, en términos de energía, más difícil de alcanzar que Plutón, como explicamos en detalle en nuestro artículo sobre por qué llegar a Mercurio tarda casi como llegar a Plutón. El problema no es llegar hasta él, sino frenar lo suficiente para no salir disparado otra vez hacia el espacio. Cuanto más cerca del Sol, más fuerte tira su gravedad, y una nave que se acerca va ganando velocidad constantemente; para entrar en órbita hay que cancelar gran parte de ese empujón, y eso cuesta muchísimo combustible.
La solución de la ESA y la JAXA ha sido un rodeo de ocho años usando propulsión eléctrica solar, motores de bajo empuje pero muy eficientes que llevan funcionando casi todo el viaje. Además, la ruta combina nueve asistencias gravitatorias: un sobrevuelo de la Tierra, dos de Venus y seis de Mercurio, el último de ellos en enero de 2025. Cada sobrevuelo usa la gravedad del planeta de turno como un tirón gratuito para ajustar la trayectoria sin gastar combustible.
Por qué BepiColombo llega a Mercurio con un año de retraso
La llegada estaba fijada originalmente para diciembre de 2025. Sin embargo, un fallo en los propulsores eléctricos de la nave obligó al equipo de dinámica de vuelo de la ESA a rediseñar la ruta sobre la marcha. El empuje disponible se quedó por debajo del mínimo necesario para la maniobra de inserción orbital, así que la fecha se movió casi un año, hasta el 21 de noviembre de 2026. No es un dato menor: después de ocho años de viaje, un problema de última hora pudo haber dejado la misión flotando cerca de su destino, sin poder entrar en órbita.
Una vez capturada por la gravedad de Mercurio, BepiColombo tiene que completar 16 maniobras más. Entre el 9 y el 10 de diciembre de 2026 se separarán sus dos naves gemelas. Por un lado está el MPO (Mercury Planetary Orbiter, de la ESA), que estudiará la superficie, la geología y el interior del planeta. Por otro, el Mio (Mercury Magnetospheric Orbiter, de la JAXA), centrado en su campo magnético, uno de los más débiles y peculiares del sistema solar para un planeta rocoso.
Qué se espera descubrir
Aunque BepiColombo llega a Mercurio en noviembre, la fase científica no arrancará hasta abril de 2027. Aun así, los objetivos ya están claros. Hay que entender por qué Mercurio tiene un núcleo metálico desproporcionadamente grande (ocupa más del 80% del radio del planeta, frente a algo más del 50% en la Tierra), de dónde sale su tenue exosfera y qué mantiene activo su campo magnético en un mundo tan pequeño. Son preguntas que llevan décadas abiertas desde las primeras fotos que tomó la sonda Mariner 10 en los años 70. Además, la misión MESSENGER de la NASA solo pudo responder a algunas de ellas, de forma parcial, entre 2011 y 2015.
Así que, mientras el resto del sistema solar sigue ocupando titulares con cometas y telescopios nuevos, hay una nave que lleva ocho años en una carrera de obstáculos silenciosa. En pocas semanas, BepiColombo llega a Mercurio y se juega la entrada en órbita en la recta final de ese viaje. Puede consultarse el calendario detallado de la misión en la página de operaciones de BepiColombo de la ESA.